Aquí estoy, un día más. Cautivo, desarmado y, sobre todo, cansado. Agotado. Ar-rastro desde hace días un sueño de 'ultratumba'. Lógico. He pasado toda la noche en blanco. Estuve, hasta que clareaban las primeras luces del alba, tratando de desentrañar el funcionamiento de la BlackBerry con que me obsequiaron mis secuestradores antes de llevarme al hotel. Me he convertido, según dicen, en un compañero más de estas Oficinas Vodafone. Y el caso es que yo también les he cogido a todos ellos un cierto cariño. Tanto a los operarios de Madrid como a los de Bilbao. Será por eso que dicen de que el roce hace que las personas civilizadas se entiendan mejor. Pasamos tan juntos gran cantidad de horas de cada jornada en estos lugares de intensa actividad. Así resulta difícil, casi imposible, mantenerse ajeno a sus problemas. Por eso he empezado a echarles una mano cogiendo algunos teléfonos. Seguimos liados, con multitud de asuntos y de llamadas, como podrá comprobar todo el que se asome a esas pequeñas televisiones interactivas que por aquí lla-man webcams. El calvo de la barba que pasea arriba y abajo con ademanes de gestor, o que permanece sentado escribiendo este blog, dependerá del momento del día, soy yo. Graham. Con ge y hache. Ahí donde me veis, de un color gris marengo que no logro quitarme de encima por un centenar de duchas que me dé y por mucho secuestro que padezca mi persona, empiezo a ser un tipo feliz. Juraría que he nacido para trabajar en un lugar como éste. Será porque estamos permanentemente conectados. O porque reinventamos así cada día, como cuentan mis compañeros, algo que empezaba a estar caduco: el teléfono fijo. Se respiran en este lugar aires de cambio y de futuro. Pocas veces, y os recuerdo que soy Graham Bell, he sentido el progreso tecnológico tan al al-cance de mi mano como aquí, en mi cautiverio. ¿Un ejemplo? La BlackBerry Bold 9000 que me re-galaron anoche y con la que hoy os escribo esto. ¿Sabíais que gracias a ella, y a lo que llaman su sistema GPS, podría llegar caminando, perfectamente orientado, hasta la plaza del Ayuntamiento de mi Edimburgo natal en mi otra vida? Pues eso. Que os seguiré contando en otro momento. Llaman por teléfono y estoy en mi turno de recepcionista. Waskman,¿dígame?
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